Inspiracionalmente existe gracias a que alguien tuvo una gran idea; ¿habrá sido gracias a un sueño, un viaje, una terrible historia? No estamos seguros. Pero fue una gran idea y queremos compartirla. Creemos que la inspiración y la creatividad son grandiosas cuando se juntan, y sabemos que el talento se encuentra en todos los rincones de este mundo; así que nos hemos dado a la tarea de encontrarlo. Estamos en busca de ideas que toquen fibras y aceleren corazones. Ideas que inunden ojos, penetren oídos y muevan mundos. Que cuenten historias fantásticas, y a su vez reales. Pero sobre todo, que inspiren otras mentes.

El país que funciona a medias

El país que funciona a medias

Se levanta usted por la mañana e intenta encender la luz que se anuncia como un servicio de clase mundial, para darse cuenta que el voltaje está sospechosamente bajo y una luz mortecina apenas le permite apagar la alarma de su teléfono comprado con la empresa que Es la Red; mismo que está usted pagando a 24 meses, de los cuales, descartando las llamadas fallidas, las veces que marca y no hay señal y las ocasiones en que usted no tiene internet; que son muchas, probablemente ha usado menos de la tercera parte que le corresponde.

Y es que servicios como los de la telefonía fija que está contigo y la telefonía móvil en México son tan malos que parecen de gobierno (la peor referencia que podemos imaginar). Servicios de tercer mundo a precios que ni siquiera en el primer mundo árabe serían aceptables, en esos países donde se mandan bañar en oro las camionetas blindadas de gran lujo.

Ya de camino al trabajo pasa por el banco que da valor a las ideas, le preguntan en la entrada qué operación va a realizar y si es usted cuentahabiente. Suerte tiene de serlo, porque en la fila de los parias que no son clientes se cuentan más de 60, atendidos por un solo cajero. Ese banco donde no importa la cantidad que tenga en su cuenta, nunca obtiene rendimientos, donde rara vez funciona la “banca en línea” o el servicio de atención telefónica y cualquier cosa que salga mal, es culpa de “el sistema”, ese extraño autómata tipo Skynet inaccesible para cualquier humano.

Aún así, llega usted a trabajar a su edificio “inteligente” donde todos los sistemas automáticos son bastante torpes. Trabaja usted durante un número de horas que, en otros países se consideraría casi esclavista. Alrededor de las nueve de la noche, con un fuerte remordimiento y ante la mirada reprobatoria de jefe y compañeros decide retirarse. No se hacen esperar comentarios como: -¿medio tiempo, de qué privilegios gozas?-. Sube usted a su auto de la tecnología para disfrutar, ese que compró a sobre precio y por el que pagó y sigue pagando impuestos y mensualidades. Que además tiene un pequeño problema de embrague que en la agencia “siempre queda arreglado” por los flamantes expertos españoles que eso sí, al cobrar nunca se equivocan.

Afortunadamente, solo pasan 98 minutos para que usted esté de regreso en casa, probablemente se hubiera ahorrado unos 15 minutos si el cruce de la vía de paga que se financió con sus impuestos hubiera reconocido correctamente el saldo de su calcomanía que te lleva en 9 minutos a Santa Fe. Un par de cráteres en el camino “masajean” ferozmente sus llantas y finalmente llega a su hogar.

Decide revisar su Facebook en la tablet que todavía sigue pagando en la tarjeta, misma que le cobra un módico CAT de 28.9% sin IVA a cambio de un servicio diario insólito. Selecciona la aplicación para revisar las publicaciones de hoy pero nota que tarda un poco en cargar, debido a que el servicio de internet que funciona a exceso de velocidad se está interrumpiendo constantemente o simplemente está más lento que nunca, por un momento piensa en llamar a servicio a clientes pero ya conoce la cantaleta de que le van a “dar servicio a su línea” después de hacerle una serie de preguntas absolutamente idióticas por su seguridad y un recorrido de más de 15 minutos por un laberinto telefónico donde hablar con un humano es una tarea solo para “expertos”. Así que mejor decide encender la televisión de la empresa que sentencia: acéptalo y cámbiate, y después de explorar sus más de 180 canales y darse cuenta de que prácticamente toda la programación es repetida, entra a la plataforma de películas y series por streaming que  promete entretenimiento sin interrupciones. Se decide por un capítulo de una serie nueva que logra ver después de que se corta la transmisión por lo menos un par de veces de 5 o 10 minutos cada una, ya que su internet le sigue jugando sucio.

Cena y decide irse a la cama, no sin antes revisar su red social favorita desconectado del internet de su casa y usando el servicio de datos de su compañía celular en la red más rápida, mismo que siempre funciona de forma intermitente y desafortunadamente no llega con toda su potencia hasta su cama aun cuando promete conectarlo sin límites. Finalmente se duerme, interrumpido por lo vecinos que llegan más tarde haciendo todo el ruido posible.

Probablemente una historia como la anterior sería una gran fuente de inspiración para Sir Rowan Atkinson, Mr. Bean, y probablemente usted reiría a carcajadas con el sketch si esta no fuera una simulación de su vida y la de millones de mexicanos que todos los días pagan mucho para recibir muy poco. En un país donde el cliente nunca tiene la razón y los pretextos poco creíbles se nos hicieron cotidianos.

Quizá a los más optimistas les parezca un relato sumamente exagerado, probablemente esto no les suceda todos los días o al mismo tiempo, pero la idea es invitarlo a llevar la cuenta, por un solo día de todas las cosas que usted paga y no funcionan como deberían. En este país donde desafortunadamente nos hemos acostumbrado a que todo funcione a medias y no quejarnos. A que la empresas pongan sus condiciones y nos hagan elegir la menos mala.

¡Nos cansamos de quejarnos! y por eso, desafortunadamente hemos dejado de hacerlo, pues no podemos ir por la vida invirtiendo el tiempo en reclamar por todo lo que funciona mal y medias.

O probablemente lo más molesto sea el cinismo de los slogans que generalmente prometen todo lo contrario de lo que ofrecen, como una burla permanente a un consumidor cada día más cansado y molesto.

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